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Artesanías mexiquenses

Artesanías del Estado de México

Nuestra artesanía es un producto de exportación, altamente valorado en el extranjero. Abarca todas las ramas artesanales esenciales y la mayor parte de sus derivaciones, producto del trabajo de miles de artesanos distribuidos en poco más del 80 por ciento del territorio estatal. Cada uno, con maestría e ingenio, aprovecha los materiales que ofrece la naturaleza comarcana u otras regiones, incluso lejanas, para elaborar piezas únicas. Los artesanos mexiquenses son reconocidos como artistas populares de profunda sensibilidad y creatividad que, a pesar del paso del tiempo y de influencias externas, han sabido conservar en sus productos los rasgos propios y la cosmogonía de cada uno de los cinco grupos étnicos de la entidad: Matlazincas, Mazahuas, Otomíes, Nahuas y Tlahuicas, legado cultural que un número importante de mexiquenses luchan por conservar y difundir.

Para saber sobre la comercialización de los diversos productos elaborados por artesanos mexiquenses ponemos a su disposición los siguientes datos:

- Tienda Casart Aeropuerto: Aeropuerto Interncional de la Ciudad de Toluca. Frente a llegadas Nacionales.
Lunes a sábado de 10:30am a 6:00pm.
Domingo de 10:30 am a 3:00 pm.

- Tienda Casart Valle De Bravo: Fray Gregorio Juménez de la Cuenca s/n, Centro Regional de Cultura Joaquin Arcadio Pagaza, Valle de Bravo, Estado de México.
Jueves a domingo de 10:30am a 6:00pm.

- Tienda Casart Huixquilucan: Roof Garden del Centro Comercial Interlomas, dentro de las Oficinas del Ayuntamiento de Huixquilucan.
Lunes a sábado de 10:30am a 6:00pm.

Para más información consulta el siguente enlace: http://www.edomexico.gob.mx/iifaem/htm/html/casarttoluca.htm

 


Alfarería y Cerámica

Se dice que la industria de mayor antigüedad es la alfarería, ya que cuando el hombre sintió la necesidad de proveerse de utensilios no sólo para la guerra y la cacería, sino para su comodidad personal, lo primero que utilizó fue la arcilla.

Las culturas prehispánicas practicaron la alfarería utilitaria, ceremonial y suntuaria. Desde las primeras expresiones se advierte la aptitud en la creación de piezas de belleza plástica. Con el tiempo, la alfarería se convirtió en una ocupación completa, entonces, las formas y sus decoraciones se fueron perfeccionando hasta alcanzar un alto grado estético.

En el Valle de Toluca sobresalió la alfarería de los matlatzincas, la cual recibió la influencia náhuatl y se manifestó en urnas funerarias, ollas policromadas, incensarios, copas y platos. Es verdad que la cerámica de esta zona no ostentó la finura y el brillante policromado de Cholula o México, pero, como dice García Payón, con la influencia azteca "el perfecto acabado policromado y satinado coloca este tipo de cerámica al lado de las más bellas piezas del arte azteca y cholulteca

En el periodo colonial, la alfarería no desapareció como otras expresiones indígenas, sino que se transformó al fundirse, primero, con las tradiciones alfareras del viejo continente y, después, al recibir la influencia de elementos plásticos venidos de oriente; su combinación desembocó en la alfarería de nuestros días.
Actualmente la producción alfarera de México es enorme, ello se debe a las costumbres de nuestro pueblo relacionadas con su alimentación y al precio económico de los objetos fabricados, factores que han impedido al maquinismo moderno sustituir por completo los objetos de barro cocido por otros de materiales industrializados.

La mayoría de los centros alfareros del país trabajan con elementos tradicionales fundidos de ambas tendencias debido al proceso cultural que produjo una nueva tradición llamada mestiza. Entre estos centros se encuentran: Puebla en especial el barrio de La Luz ; Atzompa, en Oaxaca; Metepec, Tecomatepec, Valle de Bravo, Texcoco, Cuautitlán y Almoloya de Juárez, en el Estado de México; Capula, Tzintzuntzan, Santa Fe de la Laguna , San José de Gracia y Patamban, en Michoacán; Tonalá, en Jalisco, y Acámbaro y San Miguel de Allende, en Guanajuato.

De manera específica, la alfarería de Metepec ha sido el producto del genio creador y de la habilidad artística de sus hombres. Ha nacido y se ha desarrollado sin cambios bruscos: la conservación y estabilidad de ciertos diseños decorativos indígenas y criollos se han perpetuado de generación en generación. Esto explica por qué la loza que ahí se produce es diferente a la de Tonalá y Puebla, aunque puede ser superior en fantasía y aptitud creadora.



Cerámica de Metepec

La cerámica de este municipio puede clasificarse, atendiendo a sus fines utilitarios, como ordinaria o común, que es a la que se le llama loza y que comprende la manufactura de objetos de uso doméstico, principalmente de cocina; escultórica o juguetería, consistente en objetos de ornato, y alfarería ritual, que es la producción de objetos para quemar copal en las fiestas de muertos o en otros actos ceremoniales.

En cuanto a la loza que se produce en este municipio, cabe señalar que se divide en dos categorías: la común o de barro cocido, y la loza vidriada, también llamada engretada. La primera se quema una vez en el horno, mientras que la segunda se quema en dos ocasiones, fijando la greta o barniz antes de la segunda cocción

Las técnicas principales que dominan los artesanos de Metepec son modelado a pulso; modelado con "parador" especie de torno rudimentario que consiste en un plato que gira sobre una tabla y modelado en moldes de barro, aunque en los talleres con técnicas más avanzadas son de yeso.

Para apreciar la variedad de artículos que se elaboran en Metepec, basta con acudir al tianguis que se realiza todos los lunes para admirar la extensa variedad de utensilios de barro para uso doméstico: cazuelas de todos tamaños, ollas, vajillas, vaporeras, jarros zoomorfos, alcancías vidriadas, entre otros productos.

De las vajillas, las más conocidas son las de loza vidriada, fondo café con cenefas de dibujos en azul, amarillo y blanco. Entre los artículos modernos sobresalen los hermosos marcos para espejos y los enormes macetones de dos asas, solicitados para decoración de interiores.

Libertad creativa, impresionante colorido que entusiasma el espíritu, eso es la cerámica de Metepec, pues si la ejecución del producto se realiza con procedimientos tradicionales, el resultado que se obtiene es estupendo.

Fuente: IIFAEM

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Textil

Una de las ramas artesanales de gran importancia es la de los textiles, la artesanía textil constituye un ejemplo de fusión y de continuidad cultural, pues siguen coexistiendo telares de origen prehispánico y otros que datan de la época de la colonia, además de que en las grandes industrias textileras utilizan, en gran parte, máquinas cuyos principios son basados en los antiguos telares de pedal y cintura. Los insumos en el ramo textil tienen cuatro orígenes: el vegetal, el animal, la seda y la lana, el mineral, como el oro y la plata; y el sintético; con numerosos productos.
 
 El Estado de México destaca debido a las piezas creadas por las manos de los artesanos de: Jiquipilco, Tejupilco, Temascaltepec, Temoaya, Valle de Bravo, Zacazonapan, Toluca y Tenancingo. En los talleres de estas localidades se elaboran servilletas, manteles, sábanas, fundas, tortilleros, paneras, cortinas, blusas, mandiles, juegos de cocina y de baño, así como rebozos y tapetes, entre los productos más representativos de los textiles artesanales.

 

El rebozo

El rebozo es una síntesis de tres influencias históricas: el mámatl prehispánico la mantilla proveniente de España y el repacejo o anudado oriental. El rebozo ha sido la prenda característica en la presentación de la mujer mexicana y cuya fabricación, desde la época virreinal, ha dado celebridad a los artesanos de Jilotepec, Tejupilco, Calimaya y por supuesto Tenancingo. La elaboración de un rebozo está dividida en diferentes fases, con la intervención de artesanos de gran talento en cada una de ellas: el urdidero, el amarrador, el tintero y las emputadoras, entre otros que realizan funciones específicas hasta cubrir 14 etapas. La materia prima del rebozo suele ser el algodón, la seda o la artisela y su dibujo jaspeado se consigue aplicando el kyat, técnica de teñido que se lleva al cabo en los hilos de la urdimbre antes de tejerse. Una particularidad del kyat es que los colores se penetran uno en el otro, lo que produce los típicos perfiles borrosos de las prendas.
 
 Mención específica merece el rebozo de aroma del sureño municipio de Tenancingo, el cual se fabrica en algodón, aunque puede llevar otros hilos como la artisela, y se conforma por dos partes: el lienzo o tela y las puntas o rapacejo. Estos rebozos llevan evocativos nombres como: arco de granada, flor de haba, labor doble, llovizna, palacios, venados, ratoncitos o coyotes, aunque ninguno de estos animales aparecerá dibujado en los lienzos.
   
 

Tapete de Temoaya 

La habilidad de los otomíes es seguramente milenaria, pero específicamente la industria de los tapetes anudados a mano es reciente. Apareció en 1969 a instancias de Ernesto Fernández Hurtado, Director General del Banco de México, quien impulsó la creación de un centro piloto para el estudio y la producción experimental del tapete anudado y la adaptación de los diseños tradicionales que provenían, entre otros, de los propios otomíes de Temoaya.
    
 Décadas después, los tapetes de Temoaya son un rasgo distintivo de la artesanía mexiquense ante el mundo. Para su elaboración se aplica la técnica persa con una densidad aproximada de 140 mil nudos que forman cada metro cuadrado, y se utiliza lana 100% virgen; la trama y urdimbre (base de tapete) es por entero de algodón. Se dispone de una veintena de diferentes diseños, con más de 250 variantes en colores y medidas.

 

Textil bordado

Para tener una idea del esfuerzo que exige la confección de cada tapete, podemos comentar que en la elaboración de una pieza de 60 x 90 centímetros al artesano tarda de 15 a 20 días y en un tapete de 90 x 1.20 metros puede llegar a trabajar durante un mes o mes y medio, por lo cual se puede concluir que la elaboración de los tapetes de Temoaya requiere una gran dedicación, esfuerzo y creatividad por parte de los artesanos que lo elaboran.

Fuente:IIFAEM 

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Talabartería

Se llama talabartería a la actividad artesanal que elabora artículos con cuero como: cinturones, bolsas, chamarras, portafolios, baúles, huaraches, carteras y otros en donde sobresale el fin utilitario.

A su calidad material se suma la riqueza de los acabados, con variedad de motivos que realmente transforman los cueros de res, cerdo, borrego, cabra o becerro nonato en piezas únicas, con un diseño propio en el que se resalta la creatividad y el trabajo de cada artesano mexiquense.

 En el Estado de México podemos encontrar artesanos talabarteros en los municipios de: Amatepec, Toluca, Coacalco, San Mateo Atenco, Mexicaltzingo, Tenango del Valle, Tejupilco, Sultepec y Villa del Carbón, entre otros, en donde la producción de artículos de cuero, además de ser una actividad económica, es una expresión de cultura popular.

Esta rama artesanal se ve enriquecida al ser combinada con otros materiales, tal es el ejemplo de los artículos de charrería en donde la pita y los botones de hueso, así como los herrajes, dan como resultado piezas dignas de admiración que representan tradiciones y costumbres de nuestro pueblo.
 
Fuente: IIFAEM
 

Fibras Vegetales

La cestería es una de las actividades artesanales más añejas y milenarias. Se relaciona con el dominio conseguido por los primitivos sobre las fibras vegetales que encontraban en su entorno inmediato, más si era en zonas ribereñas o lacustres. Esta es una rama humilde y sencilla, donde la habilidad manual es una parte esencial, la destreza, la fuerza y la imaginación son también cualidades que los distintos grupos presentaban al elaborar diferentes objetos que facilitaban su vida diaria.

 La cestería es nada menos que el arte de tejer sin necesidad de hilar previamente la fibra. Ese sería uno de los principios básicos para la fabricación de canastas, sombreros, cestos y tapetes, entre otros. Aquí la noción de técnica es muy variable, pues tienen que tomarse en cuenta las características de la fibra según los lugares donde habitan los tejedores. Aunado a ello, hay que señalar que pocas herramientas se han incorporado al trabajo de los artífices de esta rama. La herramienta principal continúa siendo la mano del hombre, ayudada por un punzón, una cuchilla o una navaja, instrumentos simples cuyo manejo requiere de una importante destreza. Otro elemento es el agua, que sirve para remojar y ablandar las fibras y así facilitar el trabajo de la fibra que va tejiéndose a placer y creatividad de los tejedores.

 Se calcula que la cestería se desarrolló antes de la invención de la agricultura, pues durante la etapa de recolección de alimentos ya se usaban cestas tejidas

En el Estado de México los tejedores son, en su mayoría, miembros de pueblos indígenas, quienes trabajan las fibras vegetales dando origen a distintos artículos utilitarios y de ornato en los municipios de: Jiquipilco, Temascalcingo, Tenancingo y Toluca; en este último caso, principalmente en las delegaciones de San Andrés Cuexcontitlán y San Cristóbal Huichochitlán, elaborando productos como: tortilleros, bolsas, manteles individuales, entre otros, donde se evidencia la creatividad para combinar formas y dibujos con diversos tonos de fibra natural o teñida, en los cuales se aprecia una cosmovisión específica del artesano. Por otro lado, hay que mencionar los productos que se hacen en Amanalco, Donato Guerra y El Oro, donde la cestería incluye aplicaciones de cerámica de alta temperatura, latón niquelado y vidrio.

 Las formas o dibujos se logran al combinar los diversos tonos de fibra natural con fibra teñida, obteniendo en cada objeto un producto único que encierra tradición, conocimiento y creatividad que ha perpetuado de generación en generación.
 
Fuente: IIFAEM

 

Orfebrería y Joyería

En la civilización mexica, el de orfebre o tecuitlahuaque era bien reputado como la mayor parte de los oficios, en un reconocimiento explícito a los creadores manuales que tenían la habilidad de plasmar materialmente lo que era un código estético y cultural.

Los orfebres actuales continúan combinando esa habilidad manual con un capital cultural concreto, que permite embellecer al metal.

Una primera imagen en este apartado remite a pueblos mazahuas en el valle de Toluca, donde como lo escribe Isabel Marín en el tomo sobre etnoartesanías y arte popular de la Historia general del arte mexicano, "se hacen las grandes arracadas de hilo de plata con flores, mariposas y pájaros de un peso casi mayor al soportable; sin embargo, las mujeres nativas, para quienes han sido hechas, las lucen con verdadero encanto".

Considérese una difícil circunstancia para los orfebres durante la Colonia : la prohibición para que los nativos pudieran ejercer la platería, que incluía la pena de muerte para quien infringiera tan absurda regla. Esta limitación se mantuvo hasta el siglo XVIII, cuando se reconoció "el talento y natural habilidad de los indígenas" y se permitió el establecimiento de las órdenes de plateros. El antecedente en la Nueva España se centraría en objetos de índole religioso popular, aunque con el tiempo la rama popular de la platería habría de predominar en cuanto a su abundancia y gran variedad.

La orfebrería es una actividad que sigue viva y desarrollándose en San Felipe del Progreso, lo que es decir el corazón de la zona mazahua en el Estado de México. El orfebre mazahua domina distintas técnicas en los procesos de transformación y elaboración del metal, de manera destacada el repujado y el cincelado. El primero consiste, descrito de manera somera, en el labrado que con un martillo se hace sobre un objeto metálico, en su caso, sobre cuero, hasta imprimir en él figuras en relieve. A su vez, el cincelado consiste en el trabajo efectuado para resaltar en el metal un dibujo diseñado previamente. Tal operación requiere, incluso, delicadeza. Se utilizan cinceles para hundir o sacar relieves al metal, pues por las características de este trabajo resulta imposible el uso de troqueles. En todo caso, lo que suele emplearse es una especie de prensa o punzón en cuyo extremo inferior va el dibujo que pretende plasmarse.

Otra técnica de decoración es la de la filigrana, consistente en formar la obra con hilos de oro o plata, que son unidos y soldados con mucho cuidado. La filigrana sería la técnica más antigua y primitiva dentro de la rama de la orfebrería lo cual se explica con base en la ductilidad tanto del oro como de la plata que hace posible la fabricación de largos filamentos con los cuales se conforman innumerables figuras.

La división entre orfebrería y joyería distinguiría, en la primera, piezas mayores o juegos, mientras que en la segunda se encontrarían pequeños accesorios generalmente dedicados al adorno personal y en los que, además del metal, se montan piedras preciosas o semipreciosas. Ejemplos de ello serían collares, aretes o arracadas, prendedores, cadenas, cruces, entre otros objetos, en los que resulta más que apreciado el fino trabajo de engarzamiento de las piedras preciosas.

Hemos hablado sobre todo del trabajo de orfebrería y joyería que se realiza en el norte de la entidad, en San Felipe del Progreso, sin embargo, artesanos de esta rama trabajan también en Naucalpan y Nezahualcóyotl. A los artículos ya mencionados se agregan también campanas, esculturas, abrecartas, pisapapeles, tarjeteros, anillos y pulseras, en cada uno de los cuales se confirma la gran habilidad de los artesanos mexiquenses para crear, con el metal, piezas que muy bien pueden competir con las de su tipo en cualquier parte del mundo.
 
Fuente
:IIFAEM

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Cerería

Dentro de la cerería artesanal se elaboran dos tipos de velas: las decorativas y las aromáticas; las decorativas, como su nombre lo dice, sirven para adornar el entorno en donde son utilizadas gracias a su colorido y formas ingeniosas que los artesanos plasman en cada una de ellas, dando origen a verdaderas piezas dignas de ocupar un espacio muy especial en cualquier lugar donde se les coloque. Por otro lado las aromáticas tienen como principal intención crear ambientes e invitar al descanso con aromas y gran variedad de combinaciones que hacen de estas ceras un deleite para los olfatos de quien las prefiere.

El artesano aplica constantemente su talento en la elaboración de nuevas formas, pues nunca produce dos objetos iguales, ya que muchas de las piezas se detallan una a una, haciéndolas semejantes, más no iguales. Destacan las velas en forma de frutas, cuyos aromas, colores y texturas confunden a los visitantes por la semejanza con las reales. También existen velas de carácter religioso y de formas caprichosas, cuyos colores, cortes, dobleces y empalmes las hacen únicas y de gran vistosidad en los foros en donde se comercializan.

Estas maravillas pueden apreciarse en el trabajo de los artesanos cereros de nuestra entidad, quienes se ubican en los municipios de Amecameca, Tenango del Valle y Toluca.

Fuente:IIFAEM

Confitería

La lengua y el olfato guardan el registro perenne de los diversos sabores provocados por los confites (frutas o semillas preparadas para ser cubiertas con un baño de azúcar), cuyo aspecto llama, adicionalmente, a nuestra vista por su colorido y las texturas que adelantan el posible gozo.

 La plasticidad de la confitería mexiquense está plenamente expresada en su técnica para darle forma, variedad y colorido"; no hay duda, esas características anticipan el disfrute de los sentidos y la recepción de energía producto de la combinación de frutas y azúcar, cuya hechura tiene antecedentes centenario.Si bien se conservó poco de la confitería precolombina, prevalecen en esta rama técnicas, materiales, formas y sabores cuyo origen sería europeo, español, mudéjar incluso, pero trasplantado y transformado al gusto mexicano.

Véase el amplio surtido de dulces que enumeran Gama y Gómez: "jamoncillos, chongos, roles de tamarindo, barquillos de cajeta, limones, macarrones, mostachones, marinas, frutas cristalizadas, higos, camote, calabazate, biznaga, manzanas cubiertas de caramelo, muéganos, merengue, gañotes y garapiñados".

Parecería que, como reflejo automático, cada quien enlista su preferencia en materia de estos sabores confitados: Fernando Benítez, en su Viaje al centro de México, hacía esta relación de delicias toluqueñas: "higos, piñas, sandías, naranjas, limones y camotes cubiertos o cristalizados, mazapanes, frutas de almendra, cueros de membrillo".

 No sólo en la capital mexiquense se ha desarrollado la tradición confitera también es notable la localizada en Amecameca, Ixtapan de la Sal , Ocoyoacac, Villa Guerrero, así como la de Tenancingo, Malinalco y Zacualpan.

 Desde finales de octubre y durante buena parte de noviembre, aunque en sentido estricto la conmemoración de los Fieles Difuntos abarque sólo los días 1 y 2 de este mes; cada año los portales toluqueños se llenan con los paseantes que acuden a la Feria del Alfeñique, sede de esta peculiar tradición alusiva al día de Muertos.

 Los puestos se ven pletóricos con las diversas figuras modeladas con el alfeñique mezcla compuesta de azúcar glass batida en huevo a la que se añade chautle (un tubérculo), Borregos y otros animales, ataúdes, pero sobre todo, calaveras pequeñas, medianas o de tamaño natural, en cuya frente suelen colocarse nombres de personas, en dulce insinuación de la inevitabilidad de la muerte, pueden verse en esta tradicional feria.
 
Fuente:IIFAEM

Herrería artística

Dentro de las actividades artesanales que se desarrollan en el Estado de México se encuentra una que, sin lugar a dudas reúne una serie de cualidades para poder llevarla a cabo, se trata de la herrería artística, actividad trascendental a través del tiempo, en ella, el herrero artesano busca dar forma a los pedazos de fierro, los cuales ceden al ser expuestos al calor y deformados a golpes que, hábilmente aplicados, culminan en elegantes figuras o abstracciones bien logradas que adornan desde modestas viviendas hasta lujosos hoteles de descanso que permiten a los visitantes admirar un trabajo de texturas martilladas.

La herrería artística es una rama que cuenta con valiosos y creativos exponentes en diversas regiones del Estado de México; hay artesanos que trabajan en el oriente de la entidad, como es el municipio de Chalco; en el norte, el municipio de Jocotitlán; en el centro, Toluca; en el poniente, el municipio de Valle de Bravo; en el nororiente, el municipio de Ecatepec. Esta gente se dedica a la fabricación de muebles y faroles entre otras piezas, que cumplen funciones utilitarias y decorativas.

Es, además, una rama que ha venido ganando importancia al ubicarse dentro del apartado de lo artístico, de modo que lo utilitario es, por lo general, un valor subordinado a la función decorativa.

Fuente: IIFAEM
 

Hueso y cuerno

La artesanía encierra una gran gama de formas y figuras, así como de colores; para ello el artesano ocupa materias primas que son fundamentales para la elaboración de su trabajo, dos de estos materiales que han sabido aprovechar los artesanos del Estado de México son el hueso y el cuerno de res, los cuales exigen no sólo laboriosidad y talento, sino tiempo y paciencia. Es por ello que no se genera una producción masiva de estas artesanías, al contrario, se producen piezas únicas que en algunos casos, es necesario utilizar una lupa para admirar los detalles de un diminuto grabado en hueso o cuerno con motivos de animales, plantas, figuras humanas y religiosas.

Artesanías de cuerno y hueso las podemos encontrar en los municipios de Rayón y San Antonio la Isla , en donde elaboran artículos utilitarios y de ornato como peinetas, peines, piezas de ajedrez, silbatos, collares, aretes, llaveros, baleros, adornos y otros más, los cuales, encontramos en las exposiciones artesanales dentro de estos municipios.

Un artículo muy notable en esta rama es la producción de botonadura para trajes de charro, la cual se elabora en cuerno y es parte importante en el acabado de estos atuendos.

Como podemos apreciar la talla de cuerno y hueso es una labor artesanal muy importante que exige gran creatividad, imaginación y destreza por parte del artesano, pues la materia prima guarda formas muy específicas, en donde los artesanos ponen todo su talento para transformarla mediante su imaginación y creatividad.
 
Fuente: IIFAEM

Lapidaría y cantería

El cantero se ha instalado en el arte sin perder su carácter de artesano, o dándole un significado más profundo, actitud que, en rigor, no le es privativa, sino que resulta común en las diversas ramas del sector, como la propia lapidaria, el arte de labrar las piedras preciosas.

 El trabajo del cantero exige fuerza y finura, una vista cuidadosa, un pulso firme. y ritmo (porque del pertinaz golpeteo de cincel y martillo sale música). A sus aptitudes manuales, dentro del proceso creativo incorpora otro componente: el de la imaginación, pues así siga modelos ya existentes en su entorno, este artífice suele estilizarlos al concebir y llevar a la piedra su propia versión, lo que él realmente se ha figurado.

El cantero toma provecho de las cualidades del material cuando va modificándolo con golpes de distinta intensidad. Sabe que el duro mineral lo trascenderá, que permanecerá cuando él ya no esté, que irá pasando por las diversas épocas de la humanidad y que muy probablemente será uno de los vestigios más duraderos de una cultura, la suya, la de este cincelador, del mismo modo en que él ha conocido lo que otros de su oficio hicieron hace cientos o miles de años, antes, incluso, de que hubiera historia.

 El actual artesano lapidario se entronca con esta tradición y acierta a plasmar reminiscencias de ese pasado en su obra presente, ya sea en figuras talladas o en vistosos collares y otras joyas. En el Estado de México esta rama se localiza en Teotihuacan y en la cabecera municipal de San Martín de las Pirámides y San Francisco Mazapa, pueblo de esta última demarcación; en ellos, se labra finamente la obsidiana y se talla el ónix.

Se tiene el registro de artesanos lapidarios en Amecameca y en Zacualpan, aunque en menor escala, y de la explotación del ónix en Santo Tomás.

Asimismo, el trabajo de dar forma a los bloques de piedra se realiza de una manera por completo artesanal, cuando las manos empuñan el martillo, el cortafríos y el cincel, principalmente; pero al inventario de herramientas se agregan los escopios, escodas, buriles, punteros, macetas y escofinas. El resultado serán los relieves que se logran en la piedra.

Sobresalen los artesanos de Chimalhuacán, pero la actividad también tiene representantes en Acambay y Toluca. Se producen desde molcajetes y metates hasta esculturas, columnas, fuentes, figuras fitomorfas y zoomorfas, con las que se refrenda la maestría de los canteros mexiquenses.
 
Fuente: IIFAEM

 

Madera

En una parte de esta rama se tiene la impresión de que cambia el énfasis respecto a la función cumplida por las artesanías, porque a los muebles se les pide, para empezar, que atiendan un interés utilitario; que resulten apropiados para contener y resguardar otros objetos armarios, o para que descanse el cuerpo sobre ellos sillas y camas o para apoyar el trabajo mismo, un escritorio por ejemplo

Tienen, los muebles, una utilidad muy concreta, mas no por ello dejan de ser bellos. Terminan siendo otra atractiva muestra del proceso de trabajo manual propio de los artesanos. Habría que aclarar que en el sector de los muebles no se agotan las posibilidades de esta rama, pero iniciamos con esta reflexión para subrayar una característica común a muchas artesanías: en aquellas donde la que predomina es la función utilitaria, de cualquier modo no se anula su atractivo como objetos bellos para los sentidos, procedentes como son de una raíz cultural milenaria.

 Hay una ventaja singular: la materia prima de esta rama es, en sí misma, bella. A pesar de que su transformación ocurre en varias fases de mayor o menor complejidad, la madera no pierde, en lo esencial, sus virtudes. Desde el estricto punto de vista de esa transformación por la mano del artesano, un lujoso mueble o una vistosa escultura no son un árbol, pero conservan, innegablemente, parte del alma que atribuimos a cada uno de ellos. Si los sentidos actúan para brindamos una noción de la realidad, dos se ocupan con mayor intensidad cuando tenemos contacto con la madera: el olfato y el tacto.

 Porque un mueble puede hacer más grato el aire de una estancia cuando entramos en ella y percibimos ese olor tan propio de la madera, de esos que se registran y permanecen en el recuerdo olfativo y que años después podemos seguir reproduciendo al evocar un ambiente vivido, un instante único.

Cuánta calidez provoca el contacto con la madera, en contraste con la fría impersonalidad del plástico moderno o ese material denominado como "aglomerado" (elaborado, al parecer, con una especie de pasta de aserrín y que está sentenciado a una vida efímera, a diferencia de los muebles cuya madera garantiza una vida más, mucho más prolongada).

El ojo no resulta excluído del atractivo de la madera. Puede detenerse en el caprichoso contorno de una veta, en los matices de los nudos que, no obstante los tratamientos propios de esta rama, se conservan como para facilitar el alegre salto de la vista sobre esas señas de la autenticidad de esta materia prima.

Fuente: IIFAEM
 

Metalistería

Por si hubiera alguna duda, convendría recordar que la metalistería es el arte de trabajar los metales, actividad que en nuestro país, en tanto rama artesanal, tiene sus antecedentes en el comienzo de la época colonial. Cierto es que en el México prehispánico se elaboraron piezas de cobre, pero fue a partir de la Conquista cuando se inició la introducción de metales como el latón, la hojalata, el hierro, el bronce y el acero pavonado, antes desconocidos.

Entre las regiones donde se promovió esta labor se encontraba el actual Estado de México. En esta entidad, al igual que en otros lugares, se fabricaron faroles de hierro y cristal, estribos y soportes para bridas de las cabalgaduras; puertas, roperos y arcones se guarnecían con una muy variada línea de chapetones, clavos, aldabas y aldabones, chapas, candados y llaves, que tomaban las formas más caprichosas, como leones, águilas de dos cabezas, serpientes, ángeles, querubines, dragones, etcétera.
 Ya con características propias, la metalistería se ha dedicado a la fabricación de artículos como faroles, candiles, candeleros de lámina de hojalata o de latón, o toalleros y jaboneras. También se producen marcos de metal para espejos, entre otras piezas, a las que habría que agregar esculturas, encendedores, juguetes y campanas, como se muestra en el presente volumen, a efecto de ilustrar la variedad de ideas que se materializa en una amplia gama de diseños.

Los municipios que presentan producción metalistera son: Ecatepec, Naucalpan y Tecámac, en lo que corresponde al Valle Cuautitlán, Texcoco, mientras que en el valle de Toluca destacarían Jiquipilco, el propio municipio de Toluca, y en el norte, El Oro. En estos lugares se trabaja el cobre, el latón, la hojalata, el bronce y la modalidad conocida como pewter (aleación metálica compuesta en su mayor parte de estaño y en un bajo porcentaje el cobre; de aspecto similar a la plata, es utilizado para la elaboración de cubiertos y vajillas rústicas, así como para elaborar pequeñas estatuas o réplicas de monedas).

Aunque en un proceso de conurbación con la ciudad de Toluca, en el poblado de Cacalomacán, al sur del municipio y relativamente cercano al volcán Xinantécatl, existen diversos talleres dedicados a la fabricación de artesanías en hojalata, latón y cobre, que de hecho encarnan una tradición familiar.

Estos autores mencionan las características de los talleres de Cacalomacán, plenamente artesanales, en cuyas mesas de trabajo se distribuyen la prensa, el soplete y herramientas como tijeras para cortar lámina, troqueles para grabar, la lesna (un tipo de punzón con mango de madera, utilizado para agujerar el metal), martillo, cautín y plantillas. Se trabaja sobre una base de plomo, como plancha durante el martilleo o "calado", que exige gran precisión por parte del artesano, el cual, además hace gala de su creatividad con un material a la vez dócil y rebelde.

Fuente:IIFAEM

Panadería

Los alimentos tradicionales o típicos de cada región a través del tiempo, han sido una importante forma de identidad de nuestros pueblos; la elaboración del pan tradicional o como comúnmente se le llama, pan de fiesta, se ha venido elaborando en los ancestrales amasijos, establecimientos pequeños de carácter familiar, los cuales encierran una serie de métodos que hacen de este producto una verdadera delicia al paladar.

Es importante mencionar que la elaboración del pan tradicional es de carácter artesanal, ya que el proceso es principalmente manual aunque en ocasiones se ve apoyado por herramientas básicas como son: moldes, brochas y charolas; una peculiaridad en los amasijos tradicionales es que el horno es a base de leña, es un proceso básico para el cocido del pan, ya que le da un sabor especial.

Esta actividad ha sido heredada de generación en generación y aunque el ritmo de la modernidad ha ganado terreno en la elaboración y comercialización del producto, el pan tradicional sigue siendo característico de algunos municipios del Estado de México, pues guarda características propias y sabores incomparables, tal es el caso de: Atlacomulco en el norte; Atlautla y Chiautla en el oriente; Malinalco, Zinacantepec, Tenancingo y Sultepec en el sur, y Tenango del Valle, en la región centro, en donde la expresión gastronómica, con su atractiva oferta de pan de fiesta, hace de estos lugares verdaderas sedes de demanda y comercialización, ejemplo de ello son el pan de fiesta y las hojaldras, también conocidas como pan de muerto, nombre que toman por la presencia de estos productos en las ofrendas que se colocan el Día de Muertos.

Este tipo de pan guarda una interpretación relacionada con las tumbas, las cuales son representadas por el cuerpo de la hojaldra, mientras que pequeños trozos que le sobresalen representan los huesos de los ya fallecidos.

Fuente: IIFAEM

 

Papelería y cartonería

Tan sólo por el rubro de piñatas, valdría la afirmación de que en todo el Estado de México hay artesanos del sector de papelería y cartonería.

Sin embargo, habría que puntualizar que en determinados municipios el marco de la actividad se amplía con la elaboración de variados productos que con base en las ventajas del papel, son una muestra fehaciente del ingenio y talento creativo de los artesanos mexiquenses.

Serían los casos de Acolman, Metepec, Toluca, Huixquilucan, Nezahualcóyotl y Otumba, entre otros, donde esta actividad continúa renovándose a la par que mantiene viva su larga tradición.

No hay contradicción, porque así ha sucedido en las distintas ramas artesanales existentes en nuestra entidad. Si bien su origen puede ubicarse en las épocas prehispánica o colonial, según el caso de que se trate, el proceso de continuidad en ellas ha incluido la adaptación de nuevas técnicas y materiales, herramientas, así como la innovación en las propias artesanías para atender la sensibilidad y gusto de un público que, por supuesto, también ha cambiado. Se apreciaría una paradoja, pues si bien gran parte del atractivo de las artesanías es su apego a lo tradicional, otro de los motivos por los que se mantienen en el interés de la gente consiste en las nuevas propuestas estéticas y utilitarias que les han añadido los creadores del sector

Piénsese que los antecedentes del papel en nuestro país podrían ubicarse entre 500 a 1,000 años antes de nuestra era, pues se tiene noticias aunque un tanto vagas de que los mayas ya manufacturaban este material. Dentro de la civilización mexica, el papel o amatl sirvió con fines rituales, como fue para el registro del Temoaxtli o libro divino, a fines del siglo VII según Fernando Alva Ixtlilxóchitl, y para la elaboración de códices.

Aunque suene reiterativo, debemos reconocer la gran habilidad de los artesanos dedicados a la elaboración de papel picado, actividad que se inició al introducirse en México el papel oriental, papel de china. Se trata de una ornamentación peculiar, en la que se toma provecho de la variedad de colores de este tipo de papel, para dar mayor vistosidad a las figuras y leyendas que elabora el artista del ramo con tan frágil material.

El papel picado sirve como adorno infaltable en toda fiesta popular, sea de carácter religioso o civil. Impera la creatividad, notable en los festivos judas para cuya manufactura se combinan, en un mismo artesano, las pericias del especialista en trabajar el cartón y el especialista en el manejo de la pólvora.

Fuente: IIFAEM

Pirotécnia

En esta rama destacan los artesanos del Estado de México, especialmente los del municipio de Tultepec, identificado y reconocido por su aprobada destreza para fabricar toda clase de artificios pirotécnicos, ya que es uno de los principales abastecedores de productos en gran parte de las regiones del país. A la bien ganada fama de los artesanos de Tultepec hay que agregar la de muchos otros que hacen su trabajo en Almoloya de Juárez, Axapusco, Tianguistenco, Tenancingo Tenango del Valle, Otumba, Capulhuac, Coyotepec, Tecámac y Texcoco en donde se produce una gran variedad de artículos que dan otra dimensión a las fiestas populares como son: toritos, castillos, canastillas, judas, luces de colores, palomas y todo tipo de cohetes que forman parte de las fiestas populares.

Sin duda la celebración más significativa es la de la noche del 15 de septiembre, cuando después de haberse dado el grito de independencia en todas las plazas públicas del país, lo mismo en los municipios más apartados que en las capitales, la aparición de los fuegos pirotécnicos es inmediata, dando paso a toda una gran celebración llena de algarabía y sentimiento por nuestra gran nación.

 Hay un dicho popular aplicable en muchas circunstancias de la vida que alude a la condición del cohetero: si el cohete truena, malo, y si no truena, también. pero el artesano pirotécnico sabe que el producto de su trabajo debe funcionar y que no existe tal disyuntiva del refranero popular es decir el cohete, o truena . o truena.

 En resumen, este juego de crear la luz, los colores y el estruendo es posible gracias al trabajo y a la creatividad de los artesanos de la pirotecnia del Estado de México.
 
Fuente: IIFAEM

Vidrio

El Estado de México es, sin duda, una de las entidades que guarda un gran número de maravillas y de expresiones de gran talento en sus actividades artesanales; la destreza e imaginación de los artesanos dan origen a un enorme mundo de formas y colores que se expresan en cada una de las artesanías. El vidrio es un material que ha sido dominado por la mano del hombre; tratándolo con cierta delicadeza y habilidad, nos permite crear formas caprichosas y volúmenes que se conjugan con uniones, generando un verdadero trabajo artesanal.

El vidrio soplado es una de las técnicas artesanales que se han utilizado a través de los años, de generación en generación. Su peculiar modo de trabajarlo es soplando a través de una caña de metal la cual cuenta con un orificio por donde se sopla y al trabajar con este material al rojo vivo, toma ciertas formas oblicuas que dan origen a vasijas, vasos, jarras, entre otros productos con uso utilitario y decorativo.

El vidrio estirado como su nombre lo dice, consiste en estirar pequeñas barillas sólidas de vidrio con la ayuda de un soplete que calienta el vidrio y se comienza a moldear para crear detalladas figuras de ornato como son campanas, figuras de animales, flores y un gran número de figurillas que reflejan la creatividad, la dedicación y el ingenio de manos mexiquenses que se deleitan desarrollando esta actividad.

Otra de las técnicas artesanales que se utilizan para trabajar es el prensando o emplomado, el cual consiste en armar imágenes o diseños propios en forma de rompecabezas, dando origen a verdaderas obras de arte como el fabuloso jardín botánico de la ciudad de Toluca, mejor conocido como "Cosmovitral", obra del maestro Leopoldo Flores. Dentro de esta misma rama podemos mencionar piezas de menor tamaño aunque de igual importancia, porque los artesanos del Estado de México dejan en cada una de ellas su tiempo, paciencia, talento y dedicación: lámparas, cuadros y vitrales que adornan con gran elegancia los hogares de quien gusta de estos productos.

Fuente: IIFAEM
 

Varios
 
Hay suficientes vestigios para suponer la existencia de juguetes en la época precolombina. La mayoría de ellos, elaborados con productos vegetales, no pudieron conservarse hasta la actualidad. No obstante, algunos juguetes producidos por nuestros artesanos, con estos mismos materiales, tal vez conservan sus antiguas formas.

Materiales que se prestan para la elaboración de juguetes llenos de ingenio y a los que darán vida la imaginación y creatividad de los niños. Entre los juguetes populares se encuentran las canicas, el balero, el trompo, el yoyo y las pirinolas.

Hay un gran número de municipios del Estado en que los artesanos que dedican su tiempo a la creación de juguetes.

 

Arte plumario

El arte de crear con plumas de las aves multicolores en cuadros, penachos y otros adornos, o bien mezclándolos en las telas y otros elementos para resaltar su ornato, fue una de las artes suntuarias más antiguas de México. Dos fueron las técnicas empleadas por los artífices indígenas del arte plumario, según fray Bernardino de Sahagún, quien nos dice: "la primera consiste en fijar las plumas con engrudo sobre la capa interior. La segunda con ayuda de hilo y bramante". Una muestra del arte plumario de nuestros antepasados, lo construye el preciso penacho de "Moctezuma" que se encuentra en un museo de Austria.

Este arte ancestral americano aún se practica en los municipios de Ecatepec, La Paz , Rayón, San Martín de las Pirámides, Teotihuacan, Tepotzotlán y Toluca.
 


Miniaturas

 En varías partes del Estado se elaboran pequeñas figuras de vidrio en forma de animalitos y trastecitos, miniaturas de tejamanil decorado con ingeniosos dibujos y brillantes colores en forma de matracas, sillitas, mesas, camas, trasteros y pajaritos con péndulo de barro; así como figuras de madera, cartón y papel sobre el tema de la muerte, destinados para la fiesta de todos y día de muertos.

 En San Antonio la Isla se elaboraron los peines más originales del país, con cuerno de res recortado en hoja. Aunque el tamaño es el normal de los peines, se hacen miniaturas con los mismos diseños de figuras humanas, de animales como peces, caballos, aves, chivos, leones y pescados, o figuras mitológicas como sirenas y pegasos.

En Metepec, Valle de Bravo y Texcoco se producen trastecitos de barro al natural, pintado, barnizado al temple o vidriado.

Una de las manifestaciones escultóricas que le han dado fama al país en el siglo XX y que se conserva hasta la fecha es la elaboración de los "árboles de la vida". Candelabros y esculturas en barro cuyas medidas más pequeñas son hasta de cinco centímetros. Los temas se han diversificado, sin embargo el original sigue siendo el de Adán y Eva.

 

Máscaras

La máscara es un objeto artístico y cultural presente a todo lo largo de la humanidad. México no es la excepción. Por el contrario, la máscara ha sido un vehículo primordial para la expresión y la representación del ser mexicano, a través de representaciones de dioses, demonios, animales, seres fantásticos, personajes históricos, santos, etc.

Ya sean de madera, piedra, barro, cuerno, textiles o plástico las máscaras mexicanas siguen siendo parte de la herencia cultural de nuestros antepasados.

Estas artesanías se elaboran principalmente en los municipios de San Martín de las Pirámides y Teotihuacan.

 

Pintura popular
 
 Nuestros antepasados utilizaban la pintura como medio de comunicación y registro de los hechos históricos y religiosos.

Aún hoy, admiramos lienzos pintados por indígenas, en los que reflejan sus costumbres y tradiciones; vinculándolos a ellas, mientas se sigan practicando en suelo mexiquense.

Estas artesanías se realizan en un gran número de municipios.

 

Resina

La resina es cualquiera de las sustancias de secreción de las plantas con aspecto y propiedades similares.

El ámbar es una resina vegetal fosilizada proveniente de restos de coníferas y es la única piedra preciosa de origen vegetal. El ámbar mexicano es de gran calidad a nivel mundial y se trabaja ya desde la época prehispánica. Debido a su calidad y belleza es tratado de imitar mediante procesos químicos. Además del ámbar, se trabajan varios tipos de resinas, entre ellos algunas sintéticas como la resina epóxica, en formas infinitas.

Estas artesanías se realizan en los municipios de Cuautitlán Izcalli, Chalco, Ecatepec, Otumba, San Martín de las Pirámides, Teotihuacan, Tianguistenco, Tlalnepantla, Toluca y Valle de Chalco Solidaridad, entre otros.
 
Fuente:IIFAEM   

 


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